Al inicio de cada nuevo ciclo de reglamentación técnica, un aspecto crucial siempre sale a relucir: las unidades de potencia modernas son increíblemente complejas, y las estrategias óptimas para su uso distan mucho de ser sencillas. La experiencia se construye con el tiempo, e incluso durante un fin de semana de carrera pueden surgir variables inesperadas capaces de alterar completamente el panorama y exigir un enfoque diferente. Esto mismo le ocurrió a Charles Leclerc durante la clasificación del sprint del Gran Premio de China, sirviendo como un claro ejemplo de la insondable complejidad de los propulsores actuales.
