No hace mucho tiempo, Max Verstappen podía viajar por Estados Unidos como un turista cualquiera. Era un joven que podía conducir un coche de alquiler de Los Ángeles a San Francisco sin que nadie le pidiera una selfie en una gasolinera. Sin embargo, esos tiempos han quedado definitivamente atrás. Gracias al ‘efecto Netflix’ y al éxito masivo de los nuevos ‘blockbusters’ cinematográficos relacionados con la F1, la percepción de la máxima categoría del automovilismo se ha transformado radicalmente en Estados Unidos.
