En 1954, el Campeonato Mundial de Automovilismo introdujo una fórmula de motores de 2.5 litros. Sin embargo, su implementación, un tanto torpe, había llevado previamente a que los Grandes Premios de las dos temporadas anteriores se disputaran exclusivamente con coches de Fórmula 2. La intención original al anunciar estas nuevas reglas a finales de 1951 era precisamente proporcionar a los fabricantes el tiempo adecuado para su preparación.
